En 1974 nació la revista Ajoblanco en Barcelona, cuya primera época de vida se extendió hasta 1980 (su segunda etapa lo hizo desde 1987 hasta 1999) y fue uno de los focos de la llamada contracultura española,  llegó a vender 100 mil ejemplares y se convirtió en abanderada de valores como la ecología, el humanismo, la sexualidad libre y el pensamiento libertario.

A PLENO: LA PRIMERA REDACCION DE AJOBLANCO EN 1973: MARIA DOLS, PEPE RIBAS, JOSE SOLE, ANA MILA, ANA CASTELLAR, FRANCISCO MARSAL, LUISA ORTINEZ Y TONI PUIG. (FOTO: PEP RIGOL)

La revista, que abrió sus páginas a los lectores para convertirlos en activistas y colaboradores, nació en Barcelona al grito, susurrado por el fantasma de William Blake, de «¡Despertad jóvenes de la nueva era!», expuesto en un jugosísimo editorial donde se apostaba por una nueva cultura. Ajoblanco llegó a ser revista de referencia; seña de identidad de aquel movimiento civil a favor de las libertades y por una cultura democrática sin jerarcas que existió en los setenta extendiéndose por todas las capas sociales.

En 1980 se acabó esta primera aventura de la revista que «impulsó el nacimiento de numerosos colectivos y que supo conectar con las inquietudes que nacían en la base social en busca de libertad y justicia». Aquel primer Ajoblanco consiguió «articular un cambio de mentalidad, una revolución en las costumbres de vida cotidiana y un movimiento libertario que se fue fragmentando en mil facetas».(José Luis Castro Lombilla)

Reedición LOS ‘70 A DESTAJO. Ajoblanco y libertad.

José “Pepe” Ribas ha escrito el libro Los ’70 a destajo’,  tenía 23 años cuando, junto a Toni Puig, editó en su Barcelona natal el primer número de Ajoblanco.

¿Por qué decidió escribir Los setenta a destajo?

Yo tenía un deber moral. Ajoblanco era colectivo. Lo que yo quería era hacer un libro desde el entonces. Pude hacerlo porque había guardado muchos casetes, muchos papeles, tenía todas las revistas que leíamos entonces, archivos, cartas. Gracias a todo esto pude reconstruir el entonces y todo lo que vivimos aquellos años, como si hubiera hecho una crónica con más de mil personajes.  Tardé siete años en total… Casi me volví loco.

Se reedita, al calor del movimiento del 15-M, el libro ‘Los 70 a destajo’, una crónica de la Transición vista desde la cabecera de la contracultura española

“Todo lo que estamos viviendo hoy empezó en los setenta”, cuenta Ribas a Público, que vive hoy entre Berlín y el Ampurdán. ” La crisis financiera y la crisis de valores, tanto en España como en el mundo, empezó en los setenta. De alguna forma, es cuando Nixon y Kissinger rehacen el mundo a partir de la crisis del petróleo. Y por eso es importante volver a esta época”. Ribas ha visitado durante este año algunas de las plazas españolas en Madrid, Granada, Barcelona, Valencia, Zaragoza, y dice que lo que vio allí fue “el Ajoblanco más perfecto de todos los tiempos. Vi el espíritu de Ajoblanco en vivo, que es de alguna manera el espíritu de la libertad, de la transparencia informativa, de la no manipulación de la cultura, de dejar que los relevos crezcan desde el humanismo, sin manipulación”.

Imagen de las Jornadas Libertarias Internacionales, celebradas del 22 al 27 de julio de 1977.

Entonces ya se plantearon conceptos que hoy vuelve a manejar la ciudadanía, fundamentalmente la no ideologización, la autogestión, el antiautoritarismo, la no violencia, el cambio de modelo productivo. Y una política pensada con modestia, mucho más cercana al ciudadano, pensada para barrios y no para grandes ciudades, casi para cada casa. Sin multinacionales, sin grandes bancos. “En resumen: la gestión real de nuestros asuntos. Vivir tal y como piensas, no hipócritamente sino con transparencia. Se planteó entonces y ahora toma una fuerza nueva”, “Y la Transición era la calle, se hizo en la calle”, dice Ribas. “Luego, los partidos políticos tomaron el control y desarticularon los movimientos sociales”, “todos los partidos políticos han participado de la traición a la Transición, que fue la calle, los movimientos sociales, los movimientos vecinales, obreros, los sindicatos y los intelectuales”.

También, según Ribas, lo que ha pasado ahora con el 15-M tiene que ver con el ocio, exactamente con “el redescubrimiento del ocio gratis. La gente joven ha dicho: ‘Por fin podemos hablar de nuestros problemas sin necesidad de consumir ni pagar’. Recuperar esto es fundamental: nos han hecho creer que el ocio hay que pagarlo. Y el ocio es lo contrario del negocio: es un espacio de libertad”.

Ribas no es benévolo: su generación, asegura, “fue masacrada por los dos totalitarismos”. Y, como escribe, “parte de mi generación, la más inquieta, pasó de la decepción de la universidad al underground militante”, pero aquellos que se comprometieron con la izquierda “han tenido muy poca responsabilidad real en las grandes decisiones que han cimentado el régimen político surgido en 1978”. El fracaso de la Transición se reflejaría poco después en la Movida y “el franquismo de partidos, como yo lo llamo. No hay ideas sociales, el punk ha sido conquistado y del no creo en nada se pasa al no puedo cambiar nada. Una caricatura de lo que se vivió en los setenta: Quiero ser un bote de Colón y todas esas letras. Es todo una gran ganga, una gran broma”.

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