Vuelve el vinilo

Los discos de vinilo vuelven a llenar las estanterías de las tiendas y los sellos discográficos, aunque los sibaritas del sonido siempre han sido fieles a los cálidos matices del surco, ante la aparente frialdad tecnológica y digital del CD

El vinilo ha resucitado. ¡Viva el vinilo! Después de una década en que parecían desterrados en el profundo cajón del olvido, los míticos elepés vuelven a ocupar las estanterías de las tiendas de discos para mayor felicidad de los melómanos más radicales y de los aficionados a la música en general. Los sibaritas del sonido están de enhorabuena, aunque ellos, en realidad, siempre han disfrutado de los cálidos matices que aportan los discos ante la aparente frialdad tecnológica y digital del CD. Desde 1.200 euros se pueden conseguir equipos de ‘sonido celestial’ y hay puristas que han llegado a pagar hasta 30.000 euros por equipos de altísima gama.
Carlos Valdés es el propietario de la tienda y el sello discográfico Raza Records y un enamorado de los discos de surcos y su sonido por encima de cualquier otro tipo de soporte. «Llevamos 17 años vendiendo discos de vinilo y yo, personalmente, llevo 20 años trabajando como ‘dj’ y solamente con discos de este tipo. En Raza Records, además de vender discos, damos cursos de ‘dj’ y nos dedicamos al vinilo y a la música independiente».
«El sonido es lo fundamental para decidirse por el vinilo. Es muchísimo más completo que los discos digitales. El vinilo no deja de reproducir la onda de puntos infinitos, son curvas de sonido y el sonido, por lo tanto, es infinitamente mejor. El digital reproduce en el sistema binario de 0 y 1 y lo que hace es imitarlo, pero evidentemente no suena igual». «Yo no creo -añade- que la gente haya dejado de escuchar los discos de vinilo. Quizá cuando salió el formato CD en todos los telediarios decían que el vinilo había muerto, hay un nuevo formato que vendieron con una falacia, porque dijeron que suena mejor y eso es completamente falso. Suena más limpio al principio, pero un CD que tenga 7 años tiene las mismas deficiencias que cualquier otro disco, con ese ‘refritillo’ que pueda tener el vinilo. Pero lo que es la calidad del sonido, comparando uno y otro, es mucho mejor el vinilo, no hay color».
El hecho de poner un disco en el ‘tocata’ de toda la vida «no deja de tener su magia, es algo que haces manualmente y con lo que te identificas. En el CD das al ‘play’ y te olvidas. Yo soy un consumidor de vinilos desde hace 20 años y lo seguiré siendo toda mi vida».
En los equipos musicales que reproducen vinilos «a mayor calidad de agujas, esa onda de sonido va a ser mejor. El vinilo se reproduce de una forma analógica y es distinto y mucho mejor. Los platos, agujas y bafles pueden reproducir en alta fidelidad, aunque yo personalmente como trabajo la música electrónica, no escucho en alta fidelidad».
Lleva comprando discos desde hace 20 años y considera muy complicado pronunciarse sobre sus favoritos. «Yo pincho música de baile para contar historias. No quiero nada que sea aburrido o plano. Investigo la música más ‘underground’, más moderna y que esté por llegar, que viene desde mis propias raíces desde que empecé con la música allá por 1989. Soy un melómano y mis discos favoritos son todos los que tienen su propia historia».
Raza Records puso en marcha su primera web en el año 2000, cuando ya Internet empezaba a entrar en los mercados musicales y discográficos. «Cuando viajaba me empapaba con lo que veía por ahí y con experiencias de otra gente. Traía la música más moderna y nuestra apuesta siempre ha sido la música electrónica. Cuando empezamos con este tema, no había nada en Valladolid. Hasta el año 2005 vendíamos el 95% de los discos aquí, físicamente, en la tienda. A partir de ahí, es al revés y vendemos a través de Internet».
El futuro de la música lo ve complicado: «Hasta ahora nos hemos movido en parámetros que ya no son válidos, por la SGAE y por todo. La SGAE no deja de ser una engañifa, porque es un negocio privado apoyado por el Estado. Hay mil programas para escuchar música y, en teoría debería estar pagando al autor por el hecho de que escuchen su música y eso no se hace».
La magia del vinilo
Javier Hernández se considera a sí mismo «un ‘vinilista’ radical». Lleva escuchando y comprando discos de vinilo desde hace más de 35 años -tiene 50- y cada vez está más convencido de que no hay nada mejor que el vinilo. «Primero por el sonido que es mucho mejor que el resto con diferencia, después por esa sensación especial que se siente cuando colocas un disco en el plato, empieza a girar y a sonar las primeras notas».
Como a muchos amantes de la música que se iniciaban en los primeros años de la década de los setenta, a Javier Hernández le entró el gusanillo por tradición familiar. «Mi padre ha tocado en grupos de música, tenía muchísimos discos y ‘tocatas’ desde que era pequeñito. Siempre recuerdo haber escuchado música en casa. Incluso en 1970, se compró un Bettor Dual, automático, de alta fidelidad. Cuando escuchaba con mis amigos los discos de Pink Floyd, alucinábamos todos con el increíble sonido que tenía y ellos con que mis padres me permitieran ponerlo a tope».
Para este enamorado del vinilo, incluso la arruga del disco es bella. «Me gusta hasta que tengan las clásicas imperfecciones del paso de los años o de las grabaciones en peores condiciones. Lo que me desesperaba es la cantidad de discos que he tenido que dejar en el olvido por las raspaduras que producían aquellos aparatos con agujas lamentables. La de discos que nos habremos cargado al dejar caer de golpe la aguja».
Javier Hernández asegura que «el vinilo es una filosofía de vida». «En mi círculo de amigos -explica- así lo tomamos. Quizá seamos algo nostálgicos, pero todavía nos reunimos, nos sentamos en círculo en el suelo, cerramos los ojos, damos unas caladas a los ‘petas’ y la música nos traslada en escaleras hacia el cielo».
Después de tantos años, la colección de Javier Hernández se acerca a los 3.000 ejemplares. «No es que sea mucho en comparación con otros amantes de la música, pero sí en cuanto a discos descatalogados, primeras ediciones, además de la música psicodélica que enganchó a toda mi generación, el rock, el blues, el flamenco, los cantautores. Me gusta todo, no creo que haya música para minorías, la buena música debe ser un patrimonio universal. Como decía Enrique Morente, solo debería ser para minorías la música mala».
Chusmi es otro gran aficionado a la música en su faceta de fotógrafo. Ha estado presente, cámara en mano, en prácticamente todos los grandes y pequeños conciertos de Valladolid y afirma que «el disco y en su máxima expresión el vinilo, en cierta medida, es una representación a pequeña escala de tener un pedacito de tu artista favorito en tu casa, un trocito de él en tu poder. Con el tiempo se ha ido evolucionando, se a pasado a otros formatos como CD, MP3, que aunque siguen representando lo mismo han perdido un poco, si no bastante, de la mítica del vinilo».
Para Chusmi, no solo el sonido es lo más importante «esas portadas de 31×31 grandes, amplias, con la foto de tu grupo a un tamaño decente, con las letras en el encarte del disco legibles y esa rutina del plato: poner, quitar, el ruidillo a frito, que en algunos CD de gama alta han intentado imitar…»
«Sigo manteniendo el plato y de vez en cuando me sigue gustando pinchar algún que otro disco aunque al final se suele imponer la comodidad y por ese lado el CD es imbatible. En esto, como en muchas otras cosas, vamos hacia atrás como los cangrejos. De todas formas, aunque no los pudiera escuchar de vez en cuando, no me desprendería de ninguno de mis discos porque son un poco parte de mi, forman parte de mi vida».
Equipos de alta gama
Juan del Hoyo es el propietario de la tienda Hoyman, que se dedica desde hace décadas a la venta de equipos de imagen y sonido. «El vinilo, en esencia, no ha variado desde los orígenes. Se siguen haciendo exactamente igual, según la gama los hay muy artesanales o las hay más ‘batalleros’ para cubrir la demanda que hay en el mercado. Ahora, enfocado a un público no de gama media, pero sí de recursos más bajos, lo que pretende es digitalizar los antiguos vinilos de sus abuelos o sus padres. Pero ahora mismo, el melómano puede adquirir los vinilos que se construyen con una calidad altísima, me refiero a discos de 180-220 gramos, estos vinilos manuales, con giradiscos manuales, son los que mejor lectura ofrecen del audio analógico. El plato de gama media-alta o alta gama se sigue elaborando igual que hace 50 años».
En cuanto a la trayectoria de mercado, reconoce que «tuvo una decaída importante con la aparición del CD en los años ochenta, pero poco a poco ha ido remontando y un invento que parecía enterrado hace décadas resulta que hoy día está vivito y coleando».
Para los sibaritas del sonido «el plato giradiscos es indispensable para cualquier equipo de alta gama, porque sigue siendo la fuente de audio que más calidad aporta, frente al mejor reproductor de CD que se haya construido jamás. Si tenemos un buen equipo, como mayor disfrute vamos a tener siempre será a través de un buen plato giradiscos. Hay muchos factores para la calidad del sonido, como el plato en sí mismo, la calidad de la transmisión, el brazo, la aguja. El computo de todos estos factores son los que deciden la calidad final de la audición que es mejor en el vinilo, claro».
En cuanto a las diferencias, Juan del Hoyo asegura que lo más tópico es lo cierto: «El sonido analógico aporta una calidez, además de calidad, que no tiene el CD. Los bajos son más profundos, más cálidos, unos medios más naturales y el conjunto, mayor calor frente a la ‘frialdad’ de una reproducción digital».
En cuanto a los precios de los equipos, considera que «para alguien que se inicia en el tema de los platos giradiscos y quiera algo curioso y decente, a partir de algo más de 300 euros hay cosas que merecen la pena. De platos manuales con más calidad, podemos hablar de 1.000-1.200 euros, hasta los 30.000 de los auténticos sibaritas el sonido».
En el mundo del audio hay equipos astronómicos en calidad y precio, pero en Hoyman piensan que un equipo razonable puede ser «un previo de etapa de potencia, fuente de CD, platos giradiscos y buenas cajas, por supuesto, se pondría en unos 6.000 euros. Un equipo bueno, que habitualmente nos solicitan los clientes y tenemos en tienda puede valer unos 2.500 euros».
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